Las dificultades de acceso a la financiación a largo plazo y/o productos financieros específicos son señaladas por el 62,2% de las empresas y entidades de Economía Social como una debilidad en el contexto de los factores de competitividad de la Economía Social. Estas dificultades tienden a aumentar a medida que disminuye la dimensión empresarial y se agudizan cuando se trata de empresas que tienen una perspectiva social.

Este tipo de empresas han sido consideradas por un amplio segmento de la población, incluyendo a las entidades financieras como instrumentos de caridad o beneficencia más que como auténticas empresas. Esto se convertía, a su vez, en un mayor obstáculo para acceder a recursos financieros ajenos y a determinados productos financieros específicos.